Escuela Popular: Una experiencia pedagógica y política en Suba

Felipe Rivera Pérez
Educador popular

En el portal de Suba, a los siete días del segundo mes de paro nacional, como Corpeis tuvimos la oportunidad de acompañar en la quinta sesión, la escuela de poder popular que coordina Asoecops, experiencia de toma pedagógica en el mismo espacio donde se convive con la olla comunitaria asamblea popular de suba, el comité de pedagogía Asamblea Popular de Suba, lideres ambientales del humedal Tibabuyes, excombatientes, colectivos feministas, colectivos artísticos, estudiantes y grupos de amigos y amigas que nos hacemos políticos en la primera línea, donde la unidad popular es la apuesta cultural hacia los cambios estructurales.

En ese caminar de la palabra va la escuela de poder popular avanzando en la construcción de los contenidos programáticos para una propuesta de economía popular que desde Asoecops se plantea dignificar la vida y el trabajo; al mismo tiempo el comité de pedagogía Asamblea Popular de Suba (APS) se está pensando la estrategia para crear unas brigadas pedagógicas cuyo sentido es concientizar a las personas de la comunidad sobre la importancia de participar en los espacios asamblearios del paro nacional, de hacerles conocedores del pliego de exigencias de la APS y de tejer una red de apoyo comunitario para crear espacios organizativos seguros y sin violencia policial.

Ahí, en esa unidad y punto de encuentro como espacio creativo se gesta una auténtica escuela popular para la organización asamblearia a través de una concientización que busca pedagogizar la paz y la democracia para detener la muerte. Siendo la vida digna el valor político deseado y el desafío pedagógico para la unión, organización, la decisión y la resistencia.

Por eso creer en la educación popular como el vehículo de cambio de la violencia a la justicia social, es creer en la restauración de la humanidad de ambos: oprimidos y opresores, como en la inserción de una conciencia histórica para que el oprimido en la búsqueda de su liberación no se haga un opresor, y donde la escuela de la paz es la vida. “No creo en ningún esfuerzo llamado de educación para la paz que, en lugar de revelar el mundo de las injusticias, lo vuelva opaco y tienda a cegar a sus víctimas.” (paulo freire, 1986:46)

Consideramos esencial en este nivel empezarse un trabajo con los sujetos oprimidos cuya finalidad es crear la acción/reflexión/acción en contra de su opresor a través de un proceso de educación popular para el desvelamiento de la realidad injusta, y para descubrir los elementos que utiliza el sistema para oprimirnos; sabedores de ello y de las tácticas empleadas despojarnos colectivamente de los miedos, convirtiéndonos en actores sociales activos, impulsores de las grandes transformaciones que requiere la sociedad.

Es necesario empezar a reconocer a la organización en dos valores pedagógicos políticos deseados. pedagogizar la paz y pedagogizar la democracia con el fin de concientizar las causas estructurales del conflicto social, del paro nacional y analizar la relación con la etapa posbélica del postconflicto armado interno/internacionalizado, denunciando la represión del terrorismo de estado.

En este mismo sentido anunciar las propuestas del pliego de exigencias nacional y de las asambleas populares a nivel local. Comunicar ese valor rechazado y deseado a través de un contenido programático, implica concientización y decisión/acción. La educación popular y la cultura de la paz positiva son ahora nuestro instrumento como pueblo que cuida del pueblo y llega a la acción constructora de una cultura de paz como de una sociedad democrática.